31 enero, 2009
noche de goyas
El cine español intentará demostrar que ha sobrevivido a un año en el que no ha habido estrenos ni de Amenábar ni de Almodóvar, gracias a que vendrán en el 2009, las dos firmas que más espectadores inyectan en las salas. La gala de los Premios Goya se celebra esta noche sin que haya un claro favorito, a la espera de Camino. Y no os podéis hacer una idea de cuantas quinielas llevo hechas pero cada vez que lo pienso puede salir alguien diferente. Opinen, comenten y vean cine español.
Mejor Película:
• Camino, dirigida por Javier Fesser.
Mejor Dirección:
• José Luis Cuerda, por Los Girasoles Ciegos.
• Javier Fesser, por Camino
Mejor Dirección Novel:
• Santiago A. Zannou, por El Truco del Manco.
Mejor Guión Original:
• Javier Fesser, por Camino.
Mejor Guión Adaptado:
• Rafael Azcona y José Luis Cuerda, por Los Girasoles Ciegos.
Mejor Actor:
• Raúl Arévalo, por Los Girasoles Ciegos.
Mejor Actriz:
• Carme Elías, por Camino.
Mejor Actor de Reparto:
• José María Yazpik, por Sólo Quiero Caminar.
Mejor Actriz de Reparto:
• Penélope Cruz, por Vicky Cristina Barcelona
Mejor Actor Revelación:
• Álvaro Cervantes, por El Juego del Ahorcado.
Mejor Actriz Revelación:
• Nerea Camacho, por Camino.
Mejor Dirección de Fotografía:
• Paco Femenia, por Sólo Quiero Caminar.
Mejor Montaje:
• Lázaro, por Los Crímenes de Oxford.
Mejor Música Original:
• Alberto Iglesias, por Che. El Argentino.
Mejor Canción Original:
• Entre tu Balcón y mi Ventana, por Una Palabra Tuya.
Mejor Película Europea:
• 4 meses, 3 semanas, 2 días
como animales
Preferiría follar como una mantis y huir tras echar un polvo,
Y no pasar las noches en la cama y cascandomela como un mono.
Invernar durante el invierno y por qué no durante todo el año.
Ser leopardo que caza por las noches,
Y tener memoria como el elefante.
Preferiría esconder la cabeza como la tortuga.
Dejar que me saquen los ojos aquellos cuervos.
Morir a golpe de mazo o lanzado.
Como una gallina sin huevos, resignado.
No ser patito feo, sino cisne.
Preferiría caminar lento como la tortuga, sin dejarme llevar.
Correr como la liebre, dejarme llevar, sin pensar.
Guardar para mí, poquito a poco hormiguita trabajadora.
Observar desde lo alto del campanario siendo cigüeña.
Buscar como la abeja la miel de tus labios.
Sentir que me miras con tus ojos de gata.
Alejado de la sociedad sin relaciones humanas, aqui encerrado a excepcion de un libro de penal. Sin tener que pensar en qué coño le pasa a la gente, pero si que coño me pasa a mi. Historias sin condimento que pueblan conversaciones.
En 5 minutos follamos en tu coche.
Sentimientos mecánicos faltos de aceite y pulcritud en los callejones. Yo te dije y tu me dijiste, él dijo y yo entendí. A ti te dijeron y yo pensé.
Maldecimos, perjuramos y lo necesitamos, pero nos perdonamos.
Y no pasar las noches en la cama y cascandomela como un mono.
Invernar durante el invierno y por qué no durante todo el año.
Ser leopardo que caza por las noches,
Y tener memoria como el elefante.
Preferiría esconder la cabeza como la tortuga.
Dejar que me saquen los ojos aquellos cuervos.
Morir a golpe de mazo o lanzado.
Como una gallina sin huevos, resignado.
No ser patito feo, sino cisne.
Preferiría caminar lento como la tortuga, sin dejarme llevar.
Correr como la liebre, dejarme llevar, sin pensar.
Guardar para mí, poquito a poco hormiguita trabajadora.
Observar desde lo alto del campanario siendo cigüeña.
Buscar como la abeja la miel de tus labios.
Sentir que me miras con tus ojos de gata.
Alejado de la sociedad sin relaciones humanas, aqui encerrado a excepcion de un libro de penal. Sin tener que pensar en qué coño le pasa a la gente, pero si que coño me pasa a mi. Historias sin condimento que pueblan conversaciones.
En 5 minutos follamos en tu coche.
Sentimientos mecánicos faltos de aceite y pulcritud en los callejones. Yo te dije y tu me dijiste, él dijo y yo entendí. A ti te dijeron y yo pensé.
Maldecimos, perjuramos y lo necesitamos, pero nos perdonamos.
30 enero, 2009
¿a que sabran los besos?

A chicle de sandía, a helado del McDonald’s, a pastilla Juanola, a fanta de limón, a sprite, a chocolate, a cerveza, a mañana, a noche, a crema para labios, a sushi, a queso, a colonia, a pasta de dientes, a caramelo de piña, a café, a algo indescriptible… Quizás todo dependa de la persona de quien se reciba, quizás depende del grado de atracción que se sienta, o del grado de enamoramiento que se tenga. Quizás no sepan a nada y nos empeñamos en darle un sabor, un olor, incluso describirlos con una sensación, aun sin darnos cuenta de que las palabras y la literatura angustiosamente no puede explicar todo hecho conocido o experimentado. ¿a que sabrán los besos? Cada uno es diferente, cada uno es uno y nada mas, pero para mi la verdadera intriga es….¿a que sabrán los besos que nunca nos hemos dado? ¿dónde vagan esos besos?, pensar en los besos que nunca dimos, ¿Cómo se puede echar de menos algo que nunca ha ocurrido?
26 enero, 2009
entre basura y soledad
Se querían. Estaban totalmente enamorados. Disfrutaban abrazándose en las densas noches de verano. Seguros de quererse. Cada sobredosis de ternura era un puñal envuelto en pétalos de falsedad. Los besos que se daban eran intensos besos de amor. Cálidos intercambios de aire y saliva, eran la acumulación de los que otros recibieron en oscuros portales de pensión, en camas sucias de clubs de carretera. Se querían. Estaban totalmente enamorados. Las caricias de ella eran fruto de la experiencia adquirida en mil polvos drogados con desconocidos. Los movimientos de su mano al recorrerle a él eran el resultado de mil masturbaciones en descampados. Al atardecer. Entre basura y soledad. El calor que tantos cuerpos había empapado de sudor y deseo.
Se querían. Estaban totalmente enamorados. Las caricias de él eran fruto de la experiencia adquirida en mil burdeles de extrarradio. Los movimientos indescriptibles que sus dedos dibujaban sobre su amada eran el resultado de mil preliminares en la trasera de un coche robado. Al amanecer. Entre basura y soledad. Los juegos de lengua con que él la lamía eran maniobras mil veces practicadas, perfeccionadas en noches de locura junto a chicas olvidadas. Las cadencias respiratorias de ella nada mas que ritmos vitales igualmente perfeccionados con el paso del tiempo. Se querían.
Se conocían demasiado bien para no odiarse dulcemente. Las mentiras y las verdades. En el fondo de todas las mentiras se encontraba la gran verdad. La verdad que duele como un disparo, como un puñetazo en el estómago. Como el sonido de un partido de fútbol en las gradas. Pero se querían. Estaban totalmente enamorados. Eran una pareja de esas que lleva mucho tiempo junta. Una pareja endeudada, derrotada mucho antes de llegar a los 40. Su amor era puro y perfecto. Cada noche, cuando la película tocaba a su fin, se iban a la cama. Solían hacerlo entonces, enamorados.
Una noche decidieron ser sinceros porque ese era uno de los requisitos del amor. Una noche jugaron al juego más peligroso, el juego de la realidad, al juego de la verdad, en el que el más fuerte ganara sin que el opositor supiese que se esperaba de él. La policía encontró dos cuerpos a la mañana siguiente. Ella había ocultado su pistola bajo el colchón. Él, un cuchillo bajo la almohada. Ambos se habían herido al otro en el momento del clímax. La policía los encontró sonriendo, con sus rostros congelados, sonreían en medio de un baño de amor y sangre.
Se querían. Estaban totalmente enamorados. Las caricias de él eran fruto de la experiencia adquirida en mil burdeles de extrarradio. Los movimientos indescriptibles que sus dedos dibujaban sobre su amada eran el resultado de mil preliminares en la trasera de un coche robado. Al amanecer. Entre basura y soledad. Los juegos de lengua con que él la lamía eran maniobras mil veces practicadas, perfeccionadas en noches de locura junto a chicas olvidadas. Las cadencias respiratorias de ella nada mas que ritmos vitales igualmente perfeccionados con el paso del tiempo. Se querían.
Se conocían demasiado bien para no odiarse dulcemente. Las mentiras y las verdades. En el fondo de todas las mentiras se encontraba la gran verdad. La verdad que duele como un disparo, como un puñetazo en el estómago. Como el sonido de un partido de fútbol en las gradas. Pero se querían. Estaban totalmente enamorados. Eran una pareja de esas que lleva mucho tiempo junta. Una pareja endeudada, derrotada mucho antes de llegar a los 40. Su amor era puro y perfecto. Cada noche, cuando la película tocaba a su fin, se iban a la cama. Solían hacerlo entonces, enamorados.
Una noche decidieron ser sinceros porque ese era uno de los requisitos del amor. Una noche jugaron al juego más peligroso, el juego de la realidad, al juego de la verdad, en el que el más fuerte ganara sin que el opositor supiese que se esperaba de él. La policía encontró dos cuerpos a la mañana siguiente. Ella había ocultado su pistola bajo el colchón. Él, un cuchillo bajo la almohada. Ambos se habían herido al otro en el momento del clímax. La policía los encontró sonriendo, con sus rostros congelados, sonreían en medio de un baño de amor y sangre.
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