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22 mayo, 2013

piscina, ducha y pasta.. (escrito a cuatro manos)

Le encanta el baile de sus caderas cuando camina, la firmeza del sonido de sus pies al pasar a mi lado y ese aroma que penetra directo a la parte derecha de mi cerebro completando el puzzle del deseo. Deseo que se aviva cuando la observo semidesnuda descender los peldaños suavemente y sumergir su belleza. Como una grácil sirena danza con el agua que nos mantiene en contacto, siento un cálido burbujeo entre las ingles que se transforma en hervor cuando se acerca y escucho su respiración entrecortada, cuando veo su largo pelo enredado en su rostro mojado. Las imágenes, los sucesos, transcurren como si de flashes se tratasen. Mis ojos clavados en el trozo de cuerpo que el agua me deja ver. Su vista viajando consciente de mis labios a mis brazos, a la vez que intenta descubrir mi abultada entrepierna. Chispas en el denso soplo, vicioso, atando nuestros cuerpos. Nerviosa mi mano posada con tiento en la piel de su muslo, subiendo despacio y arrastrando la tela que estorba. Dedos calientes, gruesos, siniestramente lentos llegando hasta su centro. Mi boca voraz se arroja y precipita en caída libre hasta impactar contra su pecho mientras me la acerco con la mano derecha. Muerdo el lunar de su escote. El pecho derecho sale a flote y se muestra delicioso. Un pezón turgente y rosado es atrapado por mis rápidos labios. Mientras sus dientes torturan todo cuanto pillan. Separo sus piernas con la rodilla. Impulsivo. Obediente. Suspira.

17 diciembre, 2010

cloro, labios y viceversa

A ella le encanta el baile de sus brazos saliendo del agua mientras nada, la firmeza del sonido de su brazada al pasar a su lado y ese olor a cloro que llega hasta su cerebro completando el puzzle del deseo. Deseo que se aviva en él cuando la observa semidesnuda descender los peldaños suavemente y sumergir su belleza en la piscina. Como una grácil sirena danza con el agua que los mantiene en contacto, él siente un cálido burbujeo entre las ingles, se transforma en hervor cuando se acerca y escucha su respiración entrecortada, cuando ve su largo pelo enredado en el rostro mojado. La contempla secando su piel, la afortunada toalla recorre suavemente cada curva de su cuerpo como sus manos anhelan hacerlo. Sigue con la mirada unos ojos que se acercan a él pidiéndole que salga de la piscina, una vez fuera y sin derecho a secarse ella le demuestra de lo que es capaz unos labios de mujer al borde de una piscina

29 mayo, 2010

la droga de la vida

A la media hora de meterme aquella pastilla en la boca y saborear su amargo y pastoso sabor comencé a notar su efecto, cada caricia de su mano era un huracán de fuego que derretía mi piel a su paso, sus pechos, con unas cuantas gotas de sudor de ambiguo sabor, entre dulce y amargo, eran como volcanes a punto de estallar, y nuestros labios bailaban al unísono bajo la sábana de lino, todo a un ritmo totalmente acompasado en el que cada movimiento causaba un placer inmortal.

09 enero, 2010

con intensidad


Nunca estábamos desnudos ni tumbados, siempre apoyados sobre un coche, en un callejón oscuro o a la sombra de un árbol agachado entre sus faldas que perdían consecutivamente los botones, como el que arroja monedas a los pobres. La ropa medio caída para abrir el paso a la carrera. Nunca la vi desnuda. Nos movíamos entre sombras a escondidas y su figura desnuda, limpia y clara, únicamente se forjó en mi cabeza. En arrebatos de locura lanzaba mi mano en busca de su sexo palpitante y ella siempre la detenía cortando mi trayectoria. Los latidos en mi cabeza me cegaban la voluntad y solo pensaba en unir nuestros bruñidos sexos. Cuando abría mi boca para expulsar mis extasiadas maldiciones me las ahogaba con su lengua, faltándome la respiración y encontrándola solo a través de su garganta. Ella volvía a sonreír sabiéndose triunfadora, único dueña y tirana. Recogía los restos que de mí quedaban y los atesoraba, chupando mis dedos con succiones de niño pequeño, y oliéndolos después con intensidad. Se relamía de gusto y me besaba con calidez y yo iba volviendo en mí a través del alimento que tomaba de su boca, mezcla de su sabor y el mío.

06 noviembre, 2009

viaje por europa (I)


Cogí un vuelo a Londres y aterricé en Heathrow. Fui a un hotel en el centro, los albergues son para los feos. Conocí a dos ingleses que me llevaron Camden Street, entré en el Virgin Megastore y me encontré con dos chicas que llevaban el pelo rosa, me di un vuelta a ver si ligaba, pero se puso a llover. Así que fui a una discoteca, pero era la noche gay, conocí a la única chica hetero de la sala y nos magreamos en la pista, cogimos un taxi, fuimos al hotel, y follamos. A la mañana siguiente le escribí una postal a mi madre que nunca envié. Vi la National Gallery y el BigBen, comí mucha comida basura y todo era caro quizás por eso me canse y me fui a Ámsterdam. Recorrí el barrio rojo, asistí a un espectáculo porno, fumé muchos canutos, conocí a una actriz holandesa y bebimos absenta en un bar de nombre impronunciable. Pasee por la cuidad, visité el museo Van Gogh y volví al barrio rojo, encontré a una rubia tetuda que me recordaba a Lara, le pagué y lo hicimos en su apartamento, ya después en la cama hablamos del sida, de su chulo marroquí y de ella misma. Eran las ocho de la mañana y un gitano cantando en la calle me despertó, me fui de compras, conduje un ferrari, me divertí en la Estación Central, alguien tocaba el saxo, robe una guitarra, y después me fui en tren a Paris. Pasee por los Campos Elíseos y subí a la torre Eiffel, iba a todos partes en metro y estuve con una modelo ucraniana que se llamaba Corina y me la chupó en el hotel. Me lo monté con una holandesa en frente del Louvre, vi el Arco del Triunfo y por poco me atropellan.

viaje por europa (II)


Mi amigo Marc me invito a Dublín así que me fui y me alojé en el Morrison. Dublín es una pasada. Las chicas de allí son menuditas, me lie con una borracha, después de besarnos se desnudó para mi en el baño en una estación. A la mañana siguiente me fui a la fabrica Guiness y me dieron una cerveza tan buena que me empalmé. Por la noche llegué a Barcelona, demasiada gente para mí. Recorrí Italia y acabé en Venecia, donde conocí a una chica muy guapa que hablaba español mejor que yo, pasaba un año con 5 euros al día, paseamos por los canales y me decía que era un capitalista porque una noche en mi hotel costaba mas de lo que a ella le había costado el viaje, pero no creo que le importara mucho porque siempre pagaba yo. Me fui a Roma. Roma era grande, calurosa y sucia. Visité el Vaticano y la capilla Sixtina ahora restaurada parece como falsa, conocí a dos menores de edad y les dije que se lo montaran entre ellas mientras yo miraba, pero lo único que pude fue invitarlas a un batido de chocolate. Al final terminé masturbándome en la ducha de mi hotel, que por cierto tenía gimnasio. A la mañana siguiente, en Madrid, conocí a una chica muy guapa, nos colocamos juntos escuchando a Michael Jackson. Al día siguiente me desperté hablando solo, tenía un chichón en la frente, recogí mis cosas rápido y casi pierdo el avión de vuelta. Mientras el avión despegaba y pensando en todo lo que había echo estos días, ya no sabia quien era, me sentía como el fantasma de alguien totalmente desconocido.

02 septiembre, 2009

quizas, los años 40



A plena luz del día, ya nada de plazas de garaje a escondidas, o refugiados en el interior de una burbuja de jabón. Esta vez a plena luz como unos amigos que se divierten sin pudor e inocencia, a plena luz donde se junta la verdad y el deseo. Le robo a mi padre el coche y te llevo a una playa, muy retirados de los palacetes veraniegos, de las fiestas y urbanizaciones, allí donde en invierno ni los ancianos pasean, donde solo la juventud conoce y no con fines adecuados. Hace frío por eso nos engañamos diciendo que mejor no salir a pasear. No abras la puerta, soy friolero y necesito calor. Total que no salimos y comenzamos sutil y tímidamente el juego de amarnos como la vez primera, esta vez en la intimidad de un coche tapizado de cuero. Y como siempre pierdo porque sabes que no aguanto más y me pierden las ganas de empezar, las ganas de conocer la rugosidad de tus muslos, del color de tu combinación, me pueden las ganas de pellizcar tus senos y el chirriar del sudor con el cuero blanco, me puedes tú y las ganas de ti. Mi camisa del lino mas clásico del mejor club de campo se abre entre tus manos como por obra de magia, mientras tu sostén de encaje negro se anuncia entre tu escote subrayando unos pechos venerados por mi mas tersa profundidad.
Y así, despacito, te pido permiso para hacer mi jugada, y tumbada te obligo a que cierres los ojos y esperes a ver.....y te enseño como con un coche como medio, da igual la época si el juego es el mismo.

19 junio, 2009

en un túnel de lavado


Tomamos una copa y, como prometimos, volvimos a aparcar. Una divertida propuesta, que, tal vez, se nos fue un poco de las manos. Esta vez no estábamos en aquella plaza 207, si no en un túnel de lavado. Simplemente habíamos parado para lavar el coche sucio de tanto polvo de aquel descampado. Que gracia, tanto polvo. Durante el tiempo que dura un lavado de coche en un túnel de eso de rodillos, yo le robé un orgasmo a Adriana. Fue echar la moneda y volver a entrar en el coche, empezar a moverse los borlones de jabón y abalanzarnos sobre nosotros, sin mediar palabra. Empecé a subirle el traje negro y abrirle el escote que enmarcaba sus pechos. Enseguida, cuando empezó a tocar, ella se encontró mi, nada sutil, erecto miembro apuntando maneras. Comencé a chuparle, a estrujarla, a comerla entera, mientras ella masajeaba cierta zona ya nombrada. Ella intentaba quitarme la ropa, pero yo estaba tan entregado a lo mío que no era fácil, no le facilitaba nada la tarea. Consiguió a fuerza de insistencia quitarme los vaqueros, y con ellos todo lo que llevaba puesto, no teníamos tiempo, debíamos centrarnos en el tema. Los rollos limpiadores seguían su curso, mientras tapaban todo el habitáculo del coche me entregué a fondo.
Ya empezaba el secado del vehículo cuando noté agravarse la potencia de sus gemidos. Seguí comiéndole entera con ahínco, pues ya no tenía tiempo, la estrujé, le sorbí hasta que me regaló el orgasmo y vertí sobre ella la recompensa. Nos amamos en un túnel de lavado el tiempo que dura una baño, y así y todo, la marca de la mano se quedó en el cristal.

04 junio, 2009

plaza 207


Quiero permanecer en la intensa furtividad de los 20 años, en ese momento en el que buscamos desesperadamente un rincón oscuro que nos esconda. Me invade la libido y solo pienso en poseerte, sin preparativos, sin ese ambiente ideal del que tantas veces carecemos, sin comodidad pero es el momento, sólo necesitamos la oscuridad de un fluorencente roto de la planta -3.
Y nos dejamos llevar, no es idílico, no es un entorno inspirador, pero no lo necesitamos, nos va la acción. Tu piel me inspira hasta límites infinitos, tu aroma embriaga mis sentidos y me hace necesitarte aquí y ahora, benditos límites insospechados que van a ser transgredidos, pasa conmigo al asiento de atrás del coche, tu, yo y nuestra líbido desatada será lo único que exista en el mundo en los próximos 43 minutos...
Marcaremos la plaza 207 para siempre, el sitio de nuestro recreo, de nuestros pecados desplorados.
¿Tomamos otra copa y volvemos a aparcar?

29 mayo, 2009

jugando en la cocina

Comienzo a disfrutar con la simpleza de como te subo a la encimera y me miras y no hablas. No hablamos porque no hace falta hablar, en este momento sobran las palabras. Te desnudo y me acaricias de manera tan suave que siento como se me eriza la piel al momento. Acaricio con mis dedos la parte interna de tus mulos, y poco a poco estos se aproximan a lo mas secreto de tu cuerpo. Y ahora me encantaría que este momento fuera eterno, pero no es así y mis manos siguen por tu cuerpo deteniéndose en la curva de tus pechos.
Mis manos se apoderan de lo que mis labios ya han hecho, tu boca y tu cuello, se deshacen en mis manos buscando la sensibilidad con esmero. Y enmudezco. Recorro tu ingenua espalda, tu culo y tus muslos de nuevo. No tardaré mucho más puesto en recorrerte en pleno pues solo sigo la guía del mismo deseo. Y apretando tus muslos contra mi cuerpo termino el camino de tu cuerpo, terminando como sabes bebiendo de tus senos convirtiendo esto en un simple juego de delirio, convicción y un fregadero.

21 abril, 2009

cuando la locura gana a la cordura


Por más que no llegue a comprenderlo, ni tan siquiera acierte en detenerme mi único afán es ser trofeo de tus labios mientras tus manos inician un recorrido que deseo. Siento que me estremezco por entero, que agradeceré a cada una de tus exigencias, que asaltaré tu cuerpo como gladiador romano. Ahora acaricia mi hombro, enreda tus dedos en mi pelo, abre tu boca para recibir mis besos... y déjate hacer a mí. Gozaré cada uno de tus quebrados de placer, te haré que pidas más, que desees más de mi, y rezaré que tus alaridos sean de éxtasis, seré el hombre que con sus manos sobre tu cuerpo te vista con su aliento y solo tu perfume, el que se transforme en humedad libidinosa. Aprovecha que hoy ganaste la batalla a la cordura y me hiciste preso de tus locuras.

21 marzo, 2009

una noche de primavera

Era la fiesta de primavera en un pueblo, mis amigos y yo andábamos de pasada de excursión, y nos quedamos. Pasamos la tarde conociendo el pequeño pueblo y a todas las muchachas de buen ver que dejaban insinuar sus carnes después del frío invierno. Ya una vez de noche llegamos a la carpa. Con unas copas y el tiempo de la noche la temperatura sube dentro poco a poco. Me presentan a Alba, ella parece ser un mito inalcanzable, baila sola cerca de mí. Larga cabellera rubia, blusa escotada que parece transparentar un sujetador negro, falda corta y largas piernas de piel ya bronceada. Parece ajena a todo y no la acompaña ningún maromo de esos que pululan como quien posee algo exclusivo. Entro a bailar con ella. Sus ojos azules me reciben con una mirada vidriosa. Con el tiempo ya se sabe. Nuestros cuerpos se acercan. Casi hacemos del roce algo natural. Su boca encuentra mis labios y mi lengua encuentra la suya. Termina la canción. Nuestro beso termina algo más tarde.

Sin hablar me coge de la mano y me hace seguirla. Salimos de la carpa. Pasamos el descampado lleno de coches aparcados y desaparecemos tras una zona arbolada. Vuelve a besarme y la cosa cada vez coge mejor color, mis manos recorren sus pechos. Me detiene y se separa. ¿Tienes?, me preguntó ansiosa con sus ojos vidriosos y mordiéndose el labio. Claro que si y un coche donde hemos venido, fue mi repuesta. Fuera de protagonizar una escena entre la maleza, esta vez me apeteció mas protagonizar una en el asiento de atrás de un coche sobre una manta roja. Ella se mordisquea el labio inferior de igual manera que después me lo hace a mí, entramos en el coche y todo fue placer. Su mirada ansiosa quiere ser dulce y lasciva. Poco creo recordar de lo que allí dentro pasó, solo que mis amigos se preguntaban donde anduve todo la noche y me rio por no decir que sobre la manta en la que ahora anda sentado Pedro.

01 febrero, 2009

entre locura y vicio


Hacia frío y lluvia, tenia la necesidad de verla. Hacia mucho que buscaba sus besos y no los encontraba. No me pude negar a su petición, estoy atado a su palabra. Volví a caer de nuevo en lo que ella quería. Volví a caer en sus brazos a esa que no puedo llamarle ni amante. Me dejó sin palabras cuando cerró la puerta y empezó a besarme.

Mientras estaba encima mío, le deseaba de tal manera... Intentaba separarme de ella pero era más fuerte que yo. Mi boca se enredaba en la suya pidiéndome más. Oía su respiración acelerada junto a mí. Mis dedos se entrelazaban en su cabello, como si lo tomaran como a un niño pequeño. Con sumo cuidado. Sentía el ruido del aire acondicionado, como música de ambiente de esa película suya y mía. Había esperado tanto para sentir otra vez tus caricias que casi ya me había olvidado de su tacto. Sus caricias son culpables de que estuviera a punto de llegar a la locura. Sentía su calor en esa habitación fría. Me envolvía. Se acercaba despacito, su boca con la mía sacándome el aliento. Nuestras lenguas se encontraban en un desesperado intento de arrancarme el alma. Enredaba sus piernas en mi cintura para que, por lo menos, esa noche no me fuera de ella. Observando como subía sus piernas mientras gemía entre locura y vicio…

26 enero, 2009

entre basura y soledad

Se querían. Estaban totalmente enamorados. Disfrutaban abrazándose en las densas noches de verano. Seguros de quererse. Cada sobredosis de ternura era un puñal envuelto en pétalos de falsedad. Los besos que se daban eran intensos besos de amor. Cálidos intercambios de aire y saliva, eran la acumulación de los que otros recibieron en oscuros portales de pensión, en camas sucias de clubs de carretera. Se querían. Estaban totalmente enamorados. Las caricias de ella eran fruto de la experiencia adquirida en mil polvos drogados con desconocidos. Los movimientos de su mano al recorrerle a él eran el resultado de mil masturbaciones en descampados. Al atardecer. Entre basura y soledad. El calor que tantos cuerpos había empapado de sudor y deseo.

Se querían. Estaban totalmente enamorados. Las caricias de él eran fruto de la experiencia adquirida en mil burdeles de extrarradio. Los movimientos indescriptibles que sus dedos dibujaban sobre su amada eran el resultado de mil preliminares en la trasera de un coche robado. Al amanecer. Entre basura y soledad. Los juegos de lengua con que él la lamía eran maniobras mil veces practicadas, perfeccionadas en noches de locura junto a chicas olvidadas. Las cadencias respiratorias de ella nada mas que ritmos vitales igualmente perfeccionados con el paso del tiempo. Se querían.

Se conocían demasiado bien para no odiarse dulcemente. Las mentiras y las verdades. En el fondo de todas las mentiras se encontraba la gran verdad. La verdad que duele como un disparo, como un puñetazo en el estómago. Como el sonido de un partido de fútbol en las gradas. Pero se querían. Estaban totalmente enamorados. Eran una pareja de esas que lleva mucho tiempo junta. Una pareja endeudada, derrotada mucho antes de llegar a los 40. Su amor era puro y perfecto. Cada noche, cuando la película tocaba a su fin, se iban a la cama. Solían hacerlo entonces, enamorados.
Una noche decidieron ser sinceros porque ese era uno de los requisitos del amor. Una noche jugaron al juego más peligroso, el juego de la realidad, al juego de la verdad, en el que el más fuerte ganara sin que el opositor supiese que se esperaba de él. La policía encontró dos cuerpos a la mañana siguiente. Ella había ocultado su pistola bajo el colchón. Él, un cuchillo bajo la almohada. Ambos se habían herido al otro en el momento del clímax. La policía los encontró sonriendo, con sus rostros congelados, sonreían en medio de un baño de amor y sangre.