11 abril, 2010

encuentros

Si me decido a publicar aquí esta crónica, es porque disfruto tanto al escribirla, como seguro que tú al leerlas. Escribir sobre esto, me lleva a disfrutar de nuevo de los sabores, olores y visiones que algunas noches tuve contigo, provocando la misma necesidad de un pellizco largo en tu pezón. Nuestro pacto, el quedar dejando claramente las intenciones, encuentros fortuitos y los correos electrónicos que después nos brindamos, me mantiene en un estado de continua necesidad, de eterna saciedad. Como el paseo de tu lengua por mi torso, deteniéndose especialmente por me pezón izquierdo, los muslos; me manejas e impides siquiera que me acaricie, cuando te pido más, me dejas al borde de un abismo peligroso, desde el que no quieres sacarme, y cuando casi no puedo más, no sabes darte cuenta, convirtiéndose en una historia mas de locura y desenfreno.

6 comentarios:

Scarleth dijo...

No sabes, de verdad te extrañe...

un pirata dijo...

de verdad te extrañe¿? no entiendo...

Diario de nuestros pensamientos dijo...

si... las noches como estas te dejan tan buenos recuerdos q solo quieres escribirlos para que qeden grabados en más sitios q en tu memoria.

Besos

Pintamonadas dijo...

(: muchas gracias por el comentario, veo que tienes unos textos muy...entre erotico y apasasionado. Me pasáré,

un saludo

Scarleth dijo...

Jajaja
llevaba poco más de un mes sin frecuentar estos lugares... extrañaba leerte :P

Terapia de piso dijo...

Y allí quedará siempre el sedicioso recuerdo.

Saludos, Pirata.

José Roberto Coppola