Soy un poco raro. Y cuando digo raro, no me refiero
a que tenga amigos imaginarios, ni a que esconda cadáveres de enemigos en el
trastero de mi casa, ni que dedique mi tiempo libre a ejercer como
taxidermista. No, hablo de otra cosa. Intentaré explicarme. Piensen en un pintor e imagínense
al artista en pleno ataque obsesivo con la pintura cubista y todo lo que
tuviera que ver con ella. O en Bob Dylan, cuando de repente le pegó muy fuerte
con la música religiosa. O en Woody Allen, al que un día le dio por desayunar una
cosa, y lleva comiendo lo mismo, cada día, durante veintitantos años. Pues yo
soy igual. Igual de obsesivo y, sobre todo, por etapas. Pero sin una gota de
talento en ningún apartado de mi vida, tono muy útil para distinguir a los
verdaderos genios de los meramente locos y dignos de ser encerrados en una
habitación acolchada. Yo, por si había alguna duda, pertenezco al segundo
grupo. Les cuento esto porque para mí es un ejercicio liberador poder compartir
en este blog mis pasiones-obsesiones con ustedes cuando me
da muy fuerte con algún tema (lo que suele ocurrir con relativa
frecuencia). Además, así les doy un descanso a mis familiares y amigos,
sufridores en soledad de mis ataques pasionales por
vayan-usted-a-saber-ahora-con-qué-le-ha-dado-a-este-loco. Una canción, una
serie que beber temporada tras temporada sin sentido, Apalabrados, versiones de
Somewhere over the rainbow, Esquire,…
Afortunadamente, soy tan apasionado como inconsistente, por lo que esta
repentina fiebre por ciertos temas se me pasa rápidamente. Pero, mientras
tanto, me lo paso genial.
17 agosto, 2012
07 agosto, 2012
conocerlas como mujeres
Siempre
he pensado que me gustaría imaginar que las ciudades son mujeres, así de algún modos poder pasearlas, conocerlas, habitarlas... París es esa señora distinguida con un nivel de vida
demasiado alto y que siempre acaba con fulano o mengano pero con un
Aston Martin. Roma es
tan loca, campechana y desordenada como galana, misteriosa y repleta de lugares
por descubrir. Lisboa es
esa chiquilla que te enamora porque sí. Madrid es la vecina bulliciosa, entretenida y siempre con
ganas de jarana. Nueva York es
un ciclón de 18 años y largas piernas con la que no duras más de 6 meses, pero
oye, qué 6 meses. Londres es moderna y conservadora, es humilde y sublime, es la chica progre que le gusta rodearse de todos.
Y
tú, mi ciudad, siempre
acabo regresando a tu lado. Tarde o temprano. Como el que manda un whatsapp a
las 5 de la mañana. Me diste tu veneno de salitre y no
importa dónde esté que siempre vuelvo como un boomerang mientras el cielo cae
sobre nuestras cabezas y alguien nos pinta con su pincel desde algún lado. Y
siempre acabo volviendo a mi cuarto, donde suena todo trapo alguna canción
en un disco variado entremezclado con los graznidos de alguna gaviota
despistada mientras la literatura infantil vigilan mis sueños.
29 julio, 2012
Odio que me Odies
Odio que seas mi
equipaje de fin de semana, mi bolso de mano, mi gorro peruano o mi altillo eventual.
Que tu pelo se lie con mi barba como yo me lio en tu ropa interior. Odio gastar
mis fuerzas en intentar que no me hechices. Odio que puedas ser mis celos, mis
halagos, mis ganas de partirme la camisa, intentos de ir a misa. Mis ganas de
todo en los tiempos de nada. Odio que me hagas y deshagas, me ates y desates,
me tapes y me destapes, que juegue entre tus dedos y te juegue con mis dedos, y
tú sin pretenderlo, mostrando el menor esfuerzo. Odio que seas un muro impermeable
con forma de llave intentando abrirme tan sutilmente. Odio que te hagas la dura, que no me quieras como me merezco, como nos merecemos. Odio no inventar nuevos significados a los verbos querer, necesitar, compartir, amar, jugar, experimentar. Odio que me hagas volar en una noria en la
que no soy la única cabina. Odio dar vueltas en una noria, que aunque no lo
creas, yo no encuentro la manera de bajarme. Odio querer seguir dando vueltas. Odio
odiar porque nunca lo habia hecho antes. Aunque no odio lo que odie por pura y conductiva convicción.
07 julio, 2012
en Verano
Mi verano es paquetes de pipas a la orilla del Océano Atlántico.
El gazpacho es mi verano. Una ensalada de pimientos con cebolla y huevo duro,
una pimentá. El placer de unas sabanas blancas y frescas esperándome tras un
baño. Noches de verano con orquesta, bailando y riéndonos a partes iguales, de igual
lo cutre que fuese. Mi verano es un helado de turrón de Máximo. Es la lectura
de la revista de ese verano, o del libro por descubrir lleno de arena al leerlo
en la playa esperando que las chicas de las toallas de al lado se diesen la
vuelta. Mi verano en quemarme al menos dos veces. En verano aprendí a tirarme
de cabeza y al siguiente se me olvido. En verano el dios se llama melón y su
diosa tiene pepitas negras. En verano he volado lo más lejos hasta hoy. De vez
en cuando mi verano es Olimpiadas y los últimos cuatro mi verano es estudio. Mi
verano son los campamentos de verano a la orilla del Mediterráneo. En verano
han muertos dos abuelos y ha nacido un primo. Mi verano es cine de verano, es
coca-cola en la Barricata y paseos por cualquier sitio. También he contado estrellas
fugaces, he acampado en las dunas, me he colado en piscina privadas,... Vacaciones familiares. El verano
es no tener ganas de que venga el otoño.
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