
Que el tiempo no se pueda comprar,
es otra de las razones
por la que la vida es justa
A veces me sorprendo hablando de las mujeres pero en el fondo uno siempre habla de las mujeres por lo que conoce de su madre, su hermana, de alguna prima, sus amigas o quizás solo lo haga de una mujer, normalmente la que le elevó al cielo o la que le invitó a pasar una temporada en el infierno. O ambas cosas. Así que cuando hablo de otras, de todas, sólo me refiero a ti. Y me pregunto si le sigo dando vueltas a nuestra historia porque aun te recuerdo, por mi tendencia recordar sólo lo bueno o si simplemente es porque no salió bien y me cuesta aceptar que quisimos hacer caminar a un cadáver. Quizá simplemente echo de menos tener algo más grande y tú, al ser la referencia única, apareces como un fantasma por mi cabeza anunciándome que todavía podría ser. Quizá es esa añoranza la que me empuja a ti. No sé si te quiero gracias a las tardes en que había fiesta, fuese el día que fuese, o si te odio porque nunca empataron la realidad con mis expectativas. Dios, estoy hecho un lío. Creo que voy a llamarte, o mejor esperar un mensaje tuyo. Quizá tu sientas lo mismo.
Dicen que el problema de este mundo es que no vivimos el presente, que siempre nos anticipamos a todo. Eso es lo que nos pasó a ella y a mi. La noche en que la conocí no le dio tiempo a Cupido a disparar porque ya nos habíamos enamorado nada más vernos. Pocos días después nos acostamos por primera vez y a la mañana siguiente, mientras ella se duchaba en mi casa, yo ya estaba mandándole un mensaje diciéndole como la echaba de menos, anticipándome de nuevo a la realidad. Durante el año y medio que compartimos constantemente pensamos cual sería el siguiente paso, de nuevo arañando en el futuro y casi al final, una vez que ella me pidió “algo de tiempo”, no resistí y la llamé llorando como un niño antes de que ella lo hiciera. Esa llamada infantil también anticipó su decisión de dejarme porque no respeté su “algo de tiempo”. Ahora sufro pensando que ella pronto volará sobre otra piel y ella también se anticipa pensando que no seré capaz de olvidarla. Pero se equivoca. Me anticipé y ya estoy bien.
Ya sólo me interesa ser un hombre bueno, las buenas personas, conocer el dolor de la gente y ver si puedo aliviar de algún modo ese fardo. Ya sólo me interesan los amigos que suman, los besos que restan penas, las caricias que se dan porque sí, los corazones envueltos para regalo. Ya sólo me interesan las canciones que barren nubes, los poemas que transportan y los políticos que renuncian porque no les dejaban decir la verdad. Sí, sólo me interesan las sonrisas que provoca LaRoja, los que salen a vivir sin escudo, los que lo apuestan todo a la casilla de la ternura. Ya sólo me interesan los bares donde esperan los abrazos, el corazón blanco de los niños, las palabras sin doble fondo. Ya sólo me interesan las blusas que se abren para cerrar heridas, decirle a la hormiga que escuche a la cigarra y que los minutos de silencio sean porque estemos besando.
La habitación ya no huele a semen y a felicidad, ya no cabe el mar dentro de tu cama. Ahora de noche el silencio nos mata de ruido. La vida a veces escuece como un disco de Bebe. Queda el recuerdo de tu cara en la almohada pero un tsunami de emociones se llevó aquello que fuimos. El miedo une a la gente, nosotros somos igual que los demás aunque pensaramos que esto era otra cosa. Fidelidad, la palabra que nadie sabe pronunciar. Quieres a una y deseas a todas. Cuando no es correspondido entonces si dura. Para siempre... En el amor siempre hay uno que quiere al otro mucho más. Nada quema más que el fuego cuando se acaba de apagar...