
A veces me sorprendo hablando de las mujeres pero en el fondo uno siempre habla de las mujeres por lo que conoce de su madre, su hermana, de alguna prima, sus amigas o quizás solo lo haga de una mujer, normalmente la que le elevó al cielo o la que le invitó a pasar una temporada en el infierno. O ambas cosas. Así que cuando hablo de otras, de todas, sólo me refiero a ti. Y me pregunto si le sigo dando vueltas a nuestra historia porque aun te recuerdo, por mi tendencia recordar sólo lo bueno o si simplemente es porque no salió bien y me cuesta aceptar que quisimos hacer caminar a un cadáver. Quizá simplemente echo de menos tener algo más grande y tú, al ser la referencia única, apareces como un fantasma por mi cabeza anunciándome que todavía podría ser. Quizá es esa añoranza la que me empuja a ti. No sé si te quiero gracias a las tardes en que había fiesta, fuese el día que fuese, o si te odio porque nunca empataron la realidad con mis expectativas. Dios, estoy hecho un lío. Creo que voy a llamarte, o mejor esperar un mensaje tuyo. Quizá tu sientas lo mismo.