06 febrero, 2013


Él antes se llamaba Verónica Sánchez y si especialidad era servir whiskys dobles en un garito muy apartado y poco higiénico que hay en la carretera de Andalucía kilómetro 375 que se llama “Los Ángeles de Charlie”. Un día fumando un Marboro, abandonado por alguno de los pocos clientes de los que tenía, y leyendo un cuento de Kafka, escuchó una canción y tuvo una revelación que le cambio su vida. Desde entonces me persigue para matarme. Lejos de conseguirlo logramos ser grandes amigos. 

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