03 junio, 2014

Junio

El asunto es que sólo cuando te ponen a prueba descubres quién eres de verdad, y sólo cuando te pones a prueba descubres quien puedes llegar a ser, la persona que quieres ser existe, realmente es así, existe en algún lugar, en algún tiempo, más allá del trabajo duro, de la fe, de la convicción, de las jodiendas, o los reveses de la vida. Está ahí, y sólo tú tienes la libertad de escoger que es lo que más te conviene. Por eso, trata de juntarte con buenos compañeros de camino, gente que no te suelte la mano, y aunque no obtengas eso, sigue caminando, eso también es aprendizaje. Porque sabes lo que quieres aunque dudes. Deja de esperar que las cosas pasen, salga ahí fuera y encuéntrese.

13 mayo, 2014

Me vuelve a gustar..

Me gusta mirar a través de la ventana del tren mientras suena mi música como si todo lo que veo y escucho formara parte de la banda sonora de mi vida. Me gusta cuando no lo espero y recibo un mensaje con tu nombre en mi teléfono. Me gusta tocar todo tipo de superficies cuando camino por la calle o palpar cada pliegue de una escultura en un museo. Me gusta coger con mis dedos la lengua de los animales. Me gusta la inteligencia en las mujeres y que a veces lo pongan difícil, sin pasarse. Me gusta que me hagan reír con cualquier tipo de tonterías. Me gusta el arte en cualquier tipo de expresión. Me gusta tumbarme en la cama o el sofá con alguien y hablar hasta caer rendidos hasta tarde. Me gusta tumbarme en la cama o el sofá contigo y hablar y follar y amar hasta caer rendidos hasta tarde. Me gusta pasear por mi ciudad y tomar notas en un cuaderno. Me gusta hablar contigo aunque a veces no lo parezca. Me gusta salir de marcha y volver sólo a casa. Me gusta pensar que pienso en cosas en las que los demás no piensan. Me gustan las mujeres y entre todas ellas, tú. Voy cogiendo el gusto por hacer deporte y me gusta hacer deporte mental. Me gusta pasar desapercibido, no llamar demasiado la atención.

05 mayo, 2014

hasta que comienza la acción

Al principio estás ahí. Sin hacer nada. Torpe. Sin apenas controlar tus movimientos por los nervios que te recorren el cuerpo y se manifiestan en los labios con una sonrisa boba. Con una frase a destiempo. ¡Maldita sea! Nunca habíamos necesitado manual de instrucciones para estas cosas. ¿Qué pasa? En el cine no parece tan difícil. Venga, relájate. Te tocas la nuca, el pelo, te ríes otra vez. ¿Pero qué tiene tanta gracia? ¿Eres tonto o qué? Ojalá la luz no fuera tan fuerte. Desapareciendo en la oscuridad todo resulta más sencillo. “Bueno, voy a decir algo”, te repites a ti mismo. Y os interrumpís. Os atropelláis. Os calláis ¿Cómo se supone que se rompe el hielo en estos casos? Se termina con otra sonrisa. ¿No se van a acabar nunca? Sujetas tus manos. ¡Eh! No cruces los brazos, se va a pensar que la rechazas. Los cruzas detrás. Mejor. Prefieres mantenerlos entrelazados por donde puedan ir a parar esos movimientos aturdidos que escapan a tu gestualidad cotidiana. Agachas la mirada. La vuelves a subir. ¿Habrá desaparecido? Ves un reflejo de tus acciones pero en alguien que no eres tú. Pelo. Nuca. Manos en los bolsillos. No hay contacto.  Ahora entiendes la pared invisible en la que están atrapados los mimos. Es real. Un pregunta tonta para acabar con ella. Risa y una mano cae sobre el cuerpo del otro. Tímida. Dubitativa. Eléctrica.

07 marzo, 2014

Era frágil

Ella era frágil. Era esa niña que pretendía ser fuerte, esa que detrás de una sonrisa ocultaba cada una de sus inseguridades pero que al mirar su reflejo no podía evitar derramar lágrimas. Se tragaba todo el sufrimiento durante el día, y por las noches… se recostaba en su cama liberándose de la mejor manera que encontrase cada día. Su cruce de piernas morenas era mejor que un cambio de juego de Xabi Alonso y sus labios comparables al sabor de una cerveza en una playa del Mediterraneo. Su andar partía baldosas y resquebrajaba los cristales de las copas, era como el pan nuestro de cada día. Pero a la vez estar con ella era como dejarse las luces puestas, el gas abierto y el horno encendido. Y no tener las llaves. Ella era una de esas chicas que cada día están más guapas. Lo cual es raro. Ella era una de esas chicas que nunca me hizo caso. Lo cual no es raro. Y nadie guiñaba el ojo como ella. ¡Que el barco se está hundiendo! Ella me guiñaba un ojo. ¡Que el cielo se va a caer sobre nuestras cabezas! Ella me guiñaba un ojo. Y entonces me tranquilizaba. Era muy divertida aunque más complicada que armar un mueble de Ikea. Y eso hacía que fuera aún más interesante, por supuesto.