05 mayo, 2014

hasta que comienza la acción

Al principio estás ahí. Sin hacer nada. Torpe. Sin apenas controlar tus movimientos por los nervios que te recorren el cuerpo y se manifiestan en los labios con una sonrisa boba. Con una frase a destiempo. ¡Maldita sea! Nunca habíamos necesitado manual de instrucciones para estas cosas. ¿Qué pasa? En el cine no parece tan difícil. Venga, relájate. Te tocas la nuca, el pelo, te ríes otra vez. ¿Pero qué tiene tanta gracia? ¿Eres tonto o qué? Ojalá la luz no fuera tan fuerte. Desapareciendo en la oscuridad todo resulta más sencillo. “Bueno, voy a decir algo”, te repites a ti mismo. Y os interrumpís. Os atropelláis. Os calláis ¿Cómo se supone que se rompe el hielo en estos casos? Se termina con otra sonrisa. ¿No se van a acabar nunca? Sujetas tus manos. ¡Eh! No cruces los brazos, se va a pensar que la rechazas. Los cruzas detrás. Mejor. Prefieres mantenerlos entrelazados por donde puedan ir a parar esos movimientos aturdidos que escapan a tu gestualidad cotidiana. Agachas la mirada. La vuelves a subir. ¿Habrá desaparecido? Ves un reflejo de tus acciones pero en alguien que no eres tú. Pelo. Nuca. Manos en los bolsillos. No hay contacto.  Ahora entiendes la pared invisible en la que están atrapados los mimos. Es real. Un pregunta tonta para acabar con ella. Risa y una mano cae sobre el cuerpo del otro. Tímida. Dubitativa. Eléctrica.

07 marzo, 2014

Era frágil

Ella era frágil. Era esa niña que pretendía ser fuerte, esa que detrás de una sonrisa ocultaba cada una de sus inseguridades pero que al mirar su reflejo no podía evitar derramar lágrimas. Se tragaba todo el sufrimiento durante el día, y por las noches… se recostaba en su cama liberándose de la mejor manera que encontrase cada día. Su cruce de piernas morenas era mejor que un cambio de juego de Xabi Alonso y sus labios comparables al sabor de una cerveza en una playa del Mediterraneo. Su andar partía baldosas y resquebrajaba los cristales de las copas, era como el pan nuestro de cada día. Pero a la vez estar con ella era como dejarse las luces puestas, el gas abierto y el horno encendido. Y no tener las llaves. Ella era una de esas chicas que cada día están más guapas. Lo cual es raro. Ella era una de esas chicas que nunca me hizo caso. Lo cual no es raro. Y nadie guiñaba el ojo como ella. ¡Que el barco se está hundiendo! Ella me guiñaba un ojo. ¡Que el cielo se va a caer sobre nuestras cabezas! Ella me guiñaba un ojo. Y entonces me tranquilizaba. Era muy divertida aunque más complicada que armar un mueble de Ikea. Y eso hacía que fuera aún más interesante, por supuesto.

14 febrero, 2014

historia convencional

En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Es probable que la mayoría de ustedes lo haya vivido. La historia empieza con dos enamorados, se hacen muchas promesas se dicen que son diferentes al resto, la excepción, durante algunos meses las conversaciones suenan nuevas y emocionantes, son una oportunidad para conocerse más íntimamente. Después poco a poco sin que se percaten si quiera, las llamadas perdidas y los mensajes recibidos sustituyen a esas conversaciones. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir.

21 enero, 2014

quinto aniversario

En los últimos años me han pasado multitud de cosas, muchos momentos buenos –aunque menos de los que esperaba- y algún que otro malo –más de los que hubiera deseado. He vivido entre dos ciudades, he viajado a tantas otras, me he enganchado unas cuantas veces, me he desenamorado otras tantas, he aprendido y olvidado cosas por igual, inicié muchos proyectos, algunos cerrándolos con éxito, otros dejándolos a medias, también, he destruido salvajemente algunas de mis neuronas. Se puede decir que he vivido lo suficiente como para que ahora me encuentre contándote algunas historias poco interesantes sobre mi vida. Pero en todo este tiempo ha estado ella, nunca ha faltado, no me ha dejado, fiel a nuestras citas. Se me puede llamar interesado u egoísta pero cuando una relación me ha hecho aguas, siempre he vuelto para encontrarme con ella ¿Que qué más puedo decir? Pues supongo que todo y nada. Hemos compartido infinidad de noches, ha sido testigo de miles de orgasmos, como buena compañera que es, ha conocido mujeres que aún recuerdo, otras que no debería recordar, otras que siguen y, probablemente, alguna que vendrá. Pacientemente ella ha guardado mis secretos, ha vivido mis momentos tiernos, sin celos, aunque también los descensos a los amargos abismos del abandono o la tristeza. No ha fallado en mi vida para recoger esas lágrimas que nadie ha sido capaz de ver y, a veces, incluso mi sangre. Me ha acompañado en cantidad de instantes tranquilos, instantes de silencio, instantes de paz, de melancolía, de felicidad. Hoy rindo un sentido homenaje a esta ventana. La ventana que ahora lees y hoy cumple años. En ella he podido contar historias, algunas más ficticias que otras, en las cuales en cierto modo mostraros mi modo de ver la vida. Resulta graciosa la de cantidad de sitios a los que habrán llegado nuestras palabras e imágenes a través de Internet. Por ejemplo, estas letras, han entrado en una habitación que ni conozco, en tu trabajo, en una biblioteca de Madrid, en un aula de informática de Sevilla, en un teléfono móvil cerca de mi casa, en un cibercafé en Nueva York, en casa de mi amante y de la que nunca fue novia, y del ex novio de mi amiga. Puede que estas palabras hayan pasado también por la facultad de Derecho donde estudiaba, en un hospital en México, o en un metro viajando por Paris. Al caso, son mis palabras las que entraron en tu pantalla, y soy yo, y eres tú. Yo lo escribí y lo publiqué pero el momento en el que lo sientas como tuyo la propiedad pasa a ser de los dos. Soy un pirata que escribe sobre el amor, sobre la alegría, la mezquindad, los sentimientos, el sexo, el deseo, la amistad, las noches y los sueños. A los que pasáis por aquí ¡gracias! Porque seguís alimentando este proyecto. Son mis palabras las que entraron en tu pantalla, y tu soy yo, y yo soy otro.