23 agosto, 2013

..bajo ningun pretexto



Yo no soy escritor nunca lo he sido. Solo hablaba de amor y sin apenas conocerlo. ¿Y ahora que te has ido? Ahora solo me queda darme por vencido, si fui yo el que huyo, y conmigo volaron las palabras y los recuerdos, si te cambie por nada, y aun así ¿te echará de menos mi almohada?. Nunca quise volver, nunca quise ser, solo intentaba pertenecer y deje de existir. Huí, huí hacia la luz adentrándome en el bosque, todo ha cambiando, ódiame, me lo merezco por inhumano, pero si de verdad aceptas un consejo, no me odies, no me lo merezco, no me sientas bajo ningún pretexto.

14 julio, 2013

El pasado nunca muere

Necesito supurarme. Soy duro con el niño que llevo dentro, y le maltrato, “no salgas no volverán a vernos nunca más juntos”. Y sin que nadie lo sepa, cuando nadie mira, le dejo salir, que corra libre en mí. Ya no juego, pero nunca he sabido colgar las botas, irme de fiesta y olvidar la derrota, siempre tuve los cojones necesarios para enfrentarme pero ya no tengo ganas. Me hablan del pasado como si ya se hubiese esfumado, bebo un trago, suena de nuevo esa canción. El pasado nunca muere, solo está dormido y cuando duermo, cuando me acuesto es la única forma que tengo de tenerte. Ahora que nadie se equivoca, que a mi boca le faltan besos, le sobran versos arañados en vasos. Ahora el tiempo me da la razón, pero yo no quiero la maldita razón, solo quise que tu no fueras tan suya… ni yo tan rastrero. Un beso, nos quemamos, pero ya volveremos a vernos cuando muramos. Al fin y al cabo, somos humanos, piel y huesos, ¿debimos creernos que estábamos creando algo?

28 mayo, 2013

desgracia



Se sentía triste. Vacío. Buscaba en su vida el reflejo de las cosas que le gustaba de los demás pero no lo conseguía. Se sentía feliz a manera de escudo, sin de verdad querer mirarse dentro y querer darse cuenta de la realidad. Veía a sus amigos más guapos, más delgados, más atractivos y triunfadores, si sabía que de tener un encanto no era fácilmente visible al ojo humano. Nada consideraba que tuviera que ver con el amor propio. La paz de espíritu es un término que nunca le había terminado de gustar, querer y estar satisfecho de lo que haces y de cómo eres. ¿Acaso alguien puede tener de eso? Se preguntaba constantemente a lo largo de los años. Sabía que toda su desgracia residía en que no llegaría a ser nunca lo que soñaba de sí mismo. Y le preocupaba que eso afectara a su autenticidad. A veces no le era fácil comportarse con normalidad ante los demás, no tenía miedo al rechazo, simplemente era pánico. No al rechazo de las personas que pasan diariamente pro nuestra vida, si no de los suyos. Sus amigos y su familia era la vida que le mantenía atado a la tierra. Soñaba con la muerte e imaginaba miles de finales para su vida, la mayoría de ellos trágicos. Aun así se consideraba feliz a manera de escudo, se mentalizaba de que era feliz para no tener que pensar si lo era, se conformaba con lo que le acercaba la vida sin el preguntar porque, sin sacarla nunca a bailar. Tenía miedo a no amar nunca, a no saber que quería amar, no saber dónde buscar y con miedo a poder encontrar. Le gustaba leer biografías de personajes desgraciados y encontrar en la infelicidad signos de luz y prosperidad.

22 mayo, 2013

piscina, ducha y pasta.. (escrito a cuatro manos)

Le encanta el baile de sus caderas cuando camina, la firmeza del sonido de sus pies al pasar a mi lado y ese aroma que penetra directo a la parte derecha de mi cerebro completando el puzzle del deseo. Deseo que se aviva cuando la observo semidesnuda descender los peldaños suavemente y sumergir su belleza. Como una grácil sirena danza con el agua que nos mantiene en contacto, siento un cálido burbujeo entre las ingles que se transforma en hervor cuando se acerca y escucho su respiración entrecortada, cuando veo su largo pelo enredado en su rostro mojado. Las imágenes, los sucesos, transcurren como si de flashes se tratasen. Mis ojos clavados en el trozo de cuerpo que el agua me deja ver. Su vista viajando consciente de mis labios a mis brazos, a la vez que intenta descubrir mi abultada entrepierna. Chispas en el denso soplo, vicioso, atando nuestros cuerpos. Nerviosa mi mano posada con tiento en la piel de su muslo, subiendo despacio y arrastrando la tela que estorba. Dedos calientes, gruesos, siniestramente lentos llegando hasta su centro. Mi boca voraz se arroja y precipita en caída libre hasta impactar contra su pecho mientras me la acerco con la mano derecha. Muerdo el lunar de su escote. El pecho derecho sale a flote y se muestra delicioso. Un pezón turgente y rosado es atrapado por mis rápidos labios. Mientras sus dientes torturan todo cuanto pillan. Separo sus piernas con la rodilla. Impulsivo. Obediente. Suspira.